Con él llegó el escándalo, es una película de 1960 protagonizada por Robert Mitchum, que interpreta a Wade Hunnicutt, el hombre más rico y poderoso de un pueblo de Texas. Ni que decir tiene que, tras su llegada a la Casa Blanca como el 47º presidente de los Estados Unidos tras arrasar a la demócrata Kamala Harris no ya sólo en votos electorales (312 Vs 226), sino también en el voto popular (77.237.942 Vs 74.946.837), este título bien podría aplicarse a nuestros días, más aún cuando ha contado con el apoyo de Elon Musk, que pasa a ser el nuevo responsable del Departamento de Eficiencia Gubernamental. Cabe recordar que Trump ganó las elecciones bajo el eslogan “Make America Great Again” y poco ha tardado en ser centro de la polémica con las medidas que ha anunciado que va a adoptar, medidas que a Europa no le han gustado nada, pero eso es problema de los europeos. Sin entrar a discutir si son buenas o malas o, en ideologías políticas, nos vamos a centrar en lo que nos afecta, es decir, el sector del automóvil.
El objetivo de estas medidas es según dijo el propio Trump “es salvar nuestra industria de la automoción y manteniendo así mi promesa a nuestros fantásticos trabajadores de la automoción”, a lo que añadió “Fabricaremos coches en América a un ritmo que nadie podría haber imaginado hace tan sólo unos año
Para empezar, una de sus primeras medidas ha sido la retirada inmediata de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima, alegando que este acuerdo es una carga económica para los trabajadores estadounidenses y ha reiterado su compromiso de priorizar el crecimiento económico por encima de las agendas globalistas que, según él, han dañado a sectores clave de la economía estadounidense. Como era de esperar, esta medida ha supuesto toda una ola de reacciones en todo el mundo, la mayoría, por supuesto, han sido críticas entre ellas, China que pretende dar lecciones de ecologismo, cuando a día de hoy, contamina más del doble que Estados Unidos, pues ha pasado de representar el 11% de las emisiones mundiales de CO2 en 1989, al 31,5% en 2023.
¿Y mientras tanto en Europa que?, pues desde hace años, los gobiernos europeos y los responsables de la UE optaron por atacar esta industria que, por cierto, era la única gran industria que Europa dominaba, con normas que impulsaban la transición del coche de combustión hacia el coche eléctrico, medidas que han aprovechado los fabricantes chinos para prácticamente acaparar este mercado
En relación a esta decisión, otra de las medidas que anunció Trump en su discurso de inauguración fue que se iba a acabar con el “Mandato del Coche Eléctrico” de su antecesor Biden, lo que en principio supondría la eliminación de los límites de emisiones mucho más restrictivos que los actuales, lo que beneficiaría a los fabricantes de vehículos de combustión, de tal manera que dará libertad a los ciudadanos estadounidenses para comprar el vehículo que deseen. Pero aquí no queda la cosa pues, además, tiene previsto aumentar las tasas para los coches y componentes procedentes de México, Canadá y China, a la vez que ha prometido incentivos fiscales y regulatorios a los fabricantes de automóviles locales, todo ello con el fin de incentivar la producción local, que se extenderían a las marcas extranjeras que decidan trasladar su producción a Estados Unidos. El objetivo de estas medidas es según dijo el propio Trump “es salvar nuestra industria de la automoción y manteniendo así mi promesa a nuestros fantásticos trabajadores de la automoción”, a lo que añadió “Fabricaremos coches en América a un ritmo que nadie podría haber imaginado hace tan sólo unos años”. Pero por si esto fuese poco, también declarará una emergencia nacional energética y redoblará los esfuerzos para aumentar la extracción de petróleo y gas. A este respecto, añadió “¡Perforaremos! América volverá a ser una nación fabricante y tenemos algo que ninguna otra nación fabricante tendrá jamás: la mayor cantidad de petróleo y gas en el mundo. Y lo vamos a usar. Haremos bajar los precios, llenaremos nuestras reservas estratégicas hasta el tope y exportaremos la energía de Estados Unidos por todo el mundo. Volveremos a ser una nación rica y el oro líquido que hay debajo de nuestros pies es lo que nos ayudará a serlo”.
Cabe recordar que Trump ganó las elecciones bajo el eslogan “Make America Great Again” y poco ha tardado en ser centro de la polémica con las medidas que ha anunciado que va a adoptar, medidas que a Europa no le han gustado nada, pero eso es problema de los europeos
¿Y mientras tanto en Europa que?, pues desde hace años, los gobiernos europeos y los responsables de la UE optaron por atacar esta industria que, por cierto, era la única gran industria que Europa dominaba, con normas que impulsaban la transición del coche de combustión hacia el coche eléctrico, lo que han aprovechado los fabricantes chinos para prácticamente acaparar este mercado. Esta política ha hecho que algunas de las marcas europeas más emblemáticas hayan anunciado cierres de fábricas y miles de despidos ante la escasa demanda del coche eléctrico en el mercado europeo, lo que ha llevado incluso a que Northvolt, la gran promesa europea de las baterías, se haya declarado en quiebra por la bajada en las previsiones de ventas e ingresos. Como será la cosa que, en el reciente Foro de Davos, Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, compartió debate con el comisario de Energía Dan Jorgensen, responsable de la transición energética europea junto con Teresa Ribera ¿les suena? Entre las cosas que les echó en cara fue el hecho de que, por culpa de las políticas europeas, en seis años se ha perdido el 12 % del consumo industrial energético, así como cuatro puntos del PIB industrial europeo. También se lamentó entre otras cosas de que se haya “roto el principio de neutralidad tecnológica” en la batalla contra las emisiones y les recordó que el 97% del transporte europeo utiliza combustible para desplazarse. Otra afirmación que les debió doler (al menos les debió pitar los oidos) fue la de que un híbrido en Alemania que utiliza diésel renovable emite menos CO2 en todo su ciclo de vida que un coche eléctrico, por lo que recomendó apostar por los combustibles avanzados generados a partir de residuos. Obviamente y, como era de esperar, Jorgensen defendió la política europea. Juzguen ustedes mismos las comparaciones.